Más sabios somos, menos confiamos en nuestro conocimiento

Creo que existe una relación entre lo que sabemos y la confianza que tenemos en nuestras ideas. Como vemos en el gráfico, es una curva con forma de lomada.

Cuando no sabemos “nada”, somos tan conscientes de nuestra ignorancia que no confiamos nada en los poquitos conocimientos que tenemos. Entonces nos abrimos mucho más a los demás, nos mostramos mucho más permeables, más receptivos, al conocimiento de los otros, a lo que los otros nos dicen. El problema con no saber es que somos mucho más vulnerables: cualquiera nos puede “meter el perro”, es decir, engañar en la buena fe de nuestra ignorancia. Aún cuando corremos ese riesgo, muchas veces no tenemos más opción que arriesgarnos a la opinión del otro si necesitamos un conocimiento que no tenemos.

Para disminuir ese riesgo lo que tratamos de hacer es aprender. El saber es una manera de ser más libres, más autónomos; nos da herramientas (el conocimiento) para poder sopesar factores y tomar mejores decisiones. Cuanto más sabemos sobre algo, mejor lo entendemos. Cuanto mejor entendemos una cosa con más precisión podemos evaluar sus pros y contras, su importancia relativa, la utilidad que nos puede aportar, etc.

A medida que vamos aprendiendo la confianza en nosotros mismos y nuestro conocimiento crece. Por extensión, cuanto más sabemos menos dependemos de los demás para encontrar respuestas. Nos volvemos más independientes. Confiamos en nuestro conocimiento y por lo tanto lo defendemos activamente. Incluso muchas veces alcanzamos un punto donde creemos encontrar la respuesta. Llegamos como a un punto de equilibrio: sabemos lo suficiente como para considerar nuestra opinión como informada y todas las preguntas parecen estar resueltas. Es una situación casi perfecta, donde todo esta respondido y todo es coherente y tiene sentido entre sí. Es el punto más alto de nuestra confianza. Cuando estamos en él es casi imposible que alguien nos haga cambiar de opinión: en gran medida porque estamos tan seguros de nuestras ideas que consideremos que todo el que no piensa como nosotros está equivocado.

Nada es perfecto, sin embargo, ni nada dura para siempre, como dicen los dichos. Muy a nuestro pesar eventualmente aparecen preguntas, opiniones o datos que amenazan nuestro conocimiento, nuestra confianza, que resquebrajan la coherencia y sentido que habíamos alcanzado. Es el complicado punto donde, si seguimos aprendiendo, si continuamos avanzando por la curva del conocimiento, nuestra confianza en lo que sabemos comenzará a bajar. A partir de acá no solo baja la confianza, sino que no vuelve a subir. Es una situación muy conflictiva, muy difícil de superar. Ninguno de nosotros queremos perder el sentido y la coherencia que nuestro saber nos dio. Siempre es mucho más fácil subir que bajar. Todavía más cuando en ese bajar nos estamos sacrificando nosotros mismos: sacrificamos la confianza y tranquilidad que nos da nuestro conocimiento.

Es por esta razón que muchos nos quedamos en este punto. Nos rebelamos contra el sufrimiento de perder el sentido que conseguimos armar. Empezamos a negar esos datos u opiniones que ponen en duda nuestras ideas. Nos afirmamos con rigidez en ellas, nos volvemos sordos a opiniones diferentes: nuestra verdad es la única verdad. No entendemos ni vemos ni oímos nada que la contradiga. Cuanto más íntimo o importante es el conocimiento más fuerte es este mecanismo. Por eso muchas veces nos volvemos duros e intolerantes cuando tratamos temas de religión, moral o política.

El camino hacia la sabiduría esta, sin embargo, más allá de ese punto. Es, de hecho, un punto inalcanzable pero que se acerca a medida que vamos avanzando por la curva del conocimiento. Es el conocimiento que genera la famosa frase aristotélica “solo se que no se nada”.

Superando ese punto de equilibro empezamos a darnos cuenta de que quizás no existe tal cosa como una respuesta a casi todas las cuestiones. El mundo es mucho más complejo e incomprensible de lo que nos parecía a primera vista. Más sabemos, menos confianza tenemos en nosotros y en eso que sabemos. Ese conocimiento es inabarcable pero a la vez es imposible no sentir curiosidad por seguir aprendiendo y profundizando en él. Llamativamente, cuanto más sabemos más sorprendente y maravilloso se vuelve el mundo, la realidad.

“No saber nada” implica ser conscientes de lo inabarcable que es el conocimiento y de la pequeña parte de él que dominamos. Esto nos conduce a un camino de humildad: no pretendemos saber todo o saber la respuesta, sino que tenemos una respuesta. Y no tenemos mucha confianza de que sea la correcta. Esto nos abre las puertas al mundo: nuestra “sabia ignorancia” nos permite apreciar que existe una posibilidad de aprender de casi cualquier aspecto de la realidad. Toda persona, toda cosa, la naturaleza, toda la realidad se convierte en una fuente de la que podemos aprender.

Esto no quiere decir que no tengamos nuestras ideas o que no tengamos una opinión formada sobre algo. Tenemos nuestro conocimiento y nos apegamos a él como guía en nuestra vida. Pero sabemos que no es único ni perfecto ni necesariamente más correcto que el conocimiento de otros. Sabemos que podemos pensar de una manera y no estar de acuerdo con otro sin que necesariamente nosotros o el otro este equivocado. No nos quedamos con nuestras ideas porque son la respuesta, sino que es una respuesta que elegimos porque nos parece que es la mejor. Pero podemos estar equivocados; lo que nos abre a seguir aprendiendo, a seguir mejorando, a escuchar las opiniones de los demás para ver si nos aportan más valor a nuestra percepción de las cosas. En lugar de ser una fuente de sabiduría que cree que alcanzo el conocimiento y no necesita aprender nada más, nos convertimos en una levadura que necesita del oxigeno del conocimiento de los demás para crecer y expandirse.

Sobre José M. Cané

José lleva adelante este blog con el objetivo entender el cambiante mundo en que vivimos y analizar su impacto en nuestras vidas. Aprender más

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2 respuestas a Más sabios somos, menos confiamos en nuestro conocimiento

  1. M dice:

    Me gustó! Podría aplicarse tbm el máximo de confianza a las comunidades científicas que sufren un cambio de paradigma. Las personas pertenecientes a estas comunidades están reacias a cambiar sus ideas, quizá destinaron toda su vida a esa investigación; mientras que las nuevas generaciones, que menos tienen que perder, están abiertas al cambio, revoluciones científicas y la adopción de nuevos paradigmas.
    La frase de Sócrates “sólo se que no se nada” representaría la verdadera sabiduría y algun día ojalá podamos vivirla y sentirla en realidad.
    Muy bueno! Me gustó!! Saludos!!!

  2. Bajará la confianza en los conocimientos, pero lo importante es que sube la confianza en la forma de enfrentar la vida, y eso te da seguridad, felicidad y mucha pero que mucha paz ;-)

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