Justin Bieber: la avanzada de una revolución incipiente

And I was like baby, baby, baby, oh
Like baby, baby, baby, oh
Like baby, baby, baby, oh
—del éxito “Baby”

 

Aunque es posible que Justin Bieber no sea un gran músico, que las letras de sus canciones sean trilladas y que todo su espectáculo sea una gran operación de marketing, es innegable que produce un efecto profundo en una porción considerable de la juventud. En unos adolescentes considerados dispersos no deja de sorprender la entusiasta atención que provoca. Su éxito público se podría desestimar como la repetición de una operación comercial, pero en este fenómeno hay una particularidad; es la que le da origen y sustento.

Hijo único en un hogar de ingresos apretados, fue criado con esfuerzo por su veinteañera madre soltera en una pequeña ciudad de Canadá. De chico se entretenía con la música, para la cual mostraba una inclinación. Aprendió autodidacta a tocar varios instrumentos, entre ellos la guitarra, la batería y el piano. A los doce años, en 2007, hizo un cover para un concurso local. Su madre subió el video a un sitio que en ese entonces no gozaba de la popularidad que tiene ahora: YouTube. La grabación atrajo varias visitas y por eso ella subió más videos.

Scott Braun, un joven estadounidense emprendedor y buscador de talentos, encontró por azar un video de Bieber mientras indagaba por otro artista. Quedó tan impactado con él y su naciente popularidad que averiguó como localizarlo con el fin de contratarlo. No sin esfuerzo convenció a la madre para que ambos se mudaran a Estados Unidos, cosa que hicieron.

Su progreso en Youtube era importante y las reproducciones comenzaron a contarse en millones. Con base en ese éxito Braun se asoció en una discográfica con el destacado cantante Usher y entre ambos tutelaron y terminaron de gestar lo que en poco tiempo derivaría en una verdadera Biebermanía.

Con catorce años Justin lanzó My World, su primer “extended play.” El disco fue un éxito en norteamérica y gracias a él se convirtió en el primer artista en llevar siete temas de su álbum debut al Top 100 de la revista Billboard. Al año siguiente lanzó el single Baby, con el que lograría notoriedad internacional. Esta canción ascendió al podio en las listas de popularidad de varios países y llegó al número cinco en el competitivo mercado de Estados Unidos; el video del tema es hasta hoy el segundo más visto en toda la historia de YouTube. Su primer álbum de estudio, My World 2.0, lanzado ese mismo año, debutó como número uno en Estados Unidos, logro que no había sido alcanzado por ningún solista desde Stevie Wonder en 1963.

En 2010, con quince años, obtuvo el premio al “Mejor Artista Nuevo” en los MTV Video Music Awards y se convirtió en la celebridad más buscada en la red. Con dieciséis ganó el “Favorito de los fanáticos” y el “Mejor artista de medios digitales” en los Billboard Music Awards, “Mejor Artista Masculino” en los MTV y recibió dos nominaciones a los Grammy. A los diecisiete fue considerado el tercer artista más influyente del mundo por la revista de negocios Forbes. Para sus dieciocho llevaba vendidos quince millones de discos, había recorrido el mundo con 157 presentaciones en vivo y acumulaba ingresos por ciento cincuenta millones de dólares.

A lo largo de este vertiginoso lustro consiguió además cuatro premios consecutivos como “Mejor artista de redes sociales” en los Billboard Music Awards, quince triunfos sobre veintidós nominaciones en los premios Teen Choice Awards (donde los ganadores son votados por jóvenes de entre trece y diecinueve años,) un record Guinness por ser el primer solista menor de dieciocho años en lograr tres álbumes número uno en Estados Unidos y Gran Bretaña, y otro por ser el solista más joven en alcanzar el número uno en Estados Unidos con cinco álbumes.

Justin Bieber no es solamente una estrella, sin embargo. Si le quitamos lo comercial, lo numérico y vemos el fenómeno desde lo humano no es difícil entender que es, ante todo, un adolescente. Las letras de sus canciones, discutibles desde un punto de vista musical y lírico, se esclarecen si las apreciamos como la creación de un chico que busca el camino a la vida adulta. La canción Baby es tan “mala” como lo puede ser un poema o una carta de amor escrita por cualquier chico de barrio en esa etapa de la vida.

Es habitual que perdamos referencia de la extensión y velocidad a los que internet propaga eventos, así como la manera en que los amplifica. Cualquier hecho, aún si es insignificante, puede convertirse en un fenómeno de alcance mundial con repercusión instantánea e impacto vertiginoso, como una avalancha que nos sorprende en el camino y con su energía nos arrastra.

Cualquier chico adolescente entre los trece y los dieciocho suele estar encerrado en su oscuro y desordenado cuarto, enojado con sus padres y el mundo que no lo comprenden, a la búsqueda de su identidad y en la exploración de las aventuras y desventuras del amor. La música es una expresión que acompaña y manifiesta los anhelos y problemas presentes en esta fase del desarrollo humano. No son pocos los que en ese momento fantasean con ser celebrados cantantes mientras rasguean sus temas preferidos en una guitarra.

La conexión a la red convierte la privacidad de una pieza típica en un espacio público. Sin que lo advirtamos, se convierte en un cubo transparente situado en una esquina concurrida de la ciudad, con parlantes que amplifican las conversaciones y donde cualquier persona que pasa puede mirar, escuchar y participar de ese espacio. De esta manera un joven que antes tocaba y cantaba para sus amigos ahora puede llegar a todos los adolescentes del mundo con solo prender una cámara web.

Es por eso que Bieber es un fenómeno cultural tan importante para nuestra época: es el símbolo de un quiebre generacional. Los Beatles, en los sesenta, fueron la voz de una generación que se expresaba en un fanatismo apasionado; si bien fueron vistos como un símbolo de mediocridad y degeneración por las generaciones anteriores se convirtieron en la cara visible de una rebelión contra el orden establecido y el abrazo a un nuevo mundo que se abría. La Beatlemanía no parece en este sentido muy diferente a lo que es la Biebermanía.

La expresión hippie de los Beatles dio respuestas a una juventud llena de preguntas. En esa banda muchos jóvenes encontraron un reflejo que les permitía entender mejor sus atribulaciones y los cambios y conflictos de la época en que vivían. Pasado ese período crítico el hippismo se diluyó, aunque la música Beatle quedó y genera todavía aceptación. La juventud de hoy atraviesa el punto álgido de una transición, por lo que el cambio todavía no está asimilado. La inquietud que queda es saber si la música de Bieber perdurará en el tiempo como lo hizo la de Lennon y sus secuaces. ¿Será así? Baby, baby, oh!