Un modesto legado

A Modest Wit (S XIX) por Selleck Osborn

Un nabab altanero del Este—
arrogante, siendo grandioso—petulante, siendo rico—
gobernador o general, por lo menos,
he olvidado cuál—
tenía en su familia un muchacho humilde,
que pasó por Inglaterra en la suite de su mecenas;
un niño sin pretensiones, en verdad
un joven decente y de buena reputación.
Este muchacho tenía juicio y espíritu,
pero aún con todo su discernimiento
timidez excesiva
oscurecía su mérito.
Un día, en la mesa, exaltado con vino y orgullo,
su señor, ufanamente libre, severamente alegre,
concibió que sería en sumo selecto
gastar una broma a su secretario.
“Jovencito,” dijo, “¿por qué arte, oficio o comercio
se ganó su buen padre el sustento?”
“Era talabartero, señor,” dijo Modesto,
“y en su época fue muy reconocido.”
“Un talabartero, ¿eh? ¡y te enseñó griego
en lugar de enseñarte a coser!
Dime, ¿por qué no hizo tu padre
un talabartero, señor, de ti?”
Luego, cada parásito, como por el deber comandado,
aplaudió la broma y la risa rondó por la mesa.
Finalmente Modesto, con una aguda reverencia,
dijo (implorando disculpas, si llegara a ser permisivo)
“Señor, con su licencia, gustaría de conocer
¡la profesión de su padre!”
“¡La profesión de mi padre! ¡por Dios, eso es muy malo!
¿la profesión de mi padre? ¿por qué, tonto, estás loco?
Mi padre, señor, nunca cayó tan bajo—
él era un caballero, habrás de saber.”
“Disculpe la libertad que me tomo,”
dijo Modesto, con un arqueo en su ceño,
“dígame, ¿por qué no hizo su padre
un caballero de usted?”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s