Cui bono

Cui bono (1827) por Thomas Carlyle

¿Qué es la esperanza? Un sonriente arco iris
que siguen los niños a través de la humedad.
No es aquí—más allá, más allá;
nunca aún un pilluelo lo ha encontrado.

¿Qué es la vida? Un iceberg que se derrite
en un mar de soleada orilla.
Alegre navegamos; debajo nuestro se derrite;
quedamos hundidos y no se nos ve más.

¿Qué es el hombre? Un bebé zonzo;
en vano se esfuerza y pelea y se agita;
exigiéndolo todo, mereciéndolo nada
¡una pequeña tumba es lo que gana!

Un modesto legado

A Modest Wit (S XIX) por Selleck Osborn

Un nabab altanero del Este—
arrogante, siendo grandioso—petulante, siendo rico—
gobernador o general, por lo menos,
he olvidado cuál—
tenía en su familia un muchacho humilde,
que pasó por Inglaterra en la suite de su mecenas;
un niño sin pretensiones, en verdad
un joven decente y de buena reputación.
Este muchacho tenía juicio y espíritu,
pero aún con todo su discernimiento
timidez excesiva
oscurecía su mérito.
Un día, en la mesa, exaltado con vino y orgullo,
su señor, ufanamente libre, severamente alegre,
concibió que sería en sumo selecto
gastar una broma a su secretario.
“Jovencito,” dijo, “¿por qué arte, oficio o comercio
se ganó su buen padre el sustento?”
“Era talabartero, señor,” dijo Modesto,
“y en su época fue muy reconocido.”
“Un talabartero, ¿eh? ¡y te enseñó griego
en lugar de enseñarte a coser!
Dime, ¿por qué no hizo tu padre
un talabartero, señor, de ti?”
Luego, cada parásito, como por el deber comandado,
aplaudió la broma y la risa rondó por la mesa.
Finalmente Modesto, con una aguda reverencia,
dijo (implorando disculpas, si llegara a ser permisivo)
“Señor, con su licencia, gustaría de conocer
¡la profesión de su padre!”
“¡La profesión de mi padre! ¡por Dios, eso es muy malo!
¿la profesión de mi padre? ¿por qué, tonto, estás loco?
Mi padre, señor, nunca cayó tan bajo—
él era un caballero, habrás de saber.”
“Disculpe la libertad que me tomo,”
dijo Modesto, con un arqueo en su ceño,
“dígame, ¿por qué no hizo su padre
un caballero de usted?”

Tres cuervos negros

The Three Black Crows (S. XVIII) por John Byrom

Dos honestos comerciantes reunidos en la Playa;
enérgicamente uno tomó al otro por el brazo,
“oye tú,” dijo él, “¡es una extraña historia esta
acerca de los cuervos!” “No sé qué hacer de ella,”
respondió su amigo. “¡No! Me sorprende digas eso,
de donde vengo todos hablan de ello;
pero habrás de oír—¡un asunto bizarro, de hecho!
y de que tuvo lugar, todos están de acuerdo.
Para no retenerte de tan extraño evento:
un caballero, que vive no lejos de la Casa de Cambio,
en breve, esta semana, como todo el callejón sabe,
vomitando devolvió tres cuervos negros.”
“¡Imposible!” “Sí, pero es totalmente cierto;
lo obtuve de buenas manos y lo mismo puedes tú.”
“¿De quién, le ruego?” Así, habiendo nombrado al hombre
directo a investigar corrió su extrañado compañero.
“Señor, ¿contó usted”—y relató el asunto.
“Sí, señor, lo hice; y si le llama la atención
pregunte al Sr. Fulanito que me lo relató a mí.
Pero, al respecto, eran dos cuervos negros—no tres.”
Resuelto a rastrear tan maravilloso evento,
chasqueando, al tercero, se encaminó el virtuoso;
“Señor,”—y así en adelante. “Pues sí; el tema es un hecho,
sin embargo, en cuanto al número, inexacto:
no eran dos los cuervos negros—era uno;
en la veracidad de ello usted puede confiar;
el caballero mismo me contó el caso.”
“¿Dónde puedo hallarlo?” “Bueno, en tal lugar.”
Marcha él y habiéndolo encontrado,
“Señor, sea bueno y resuelva una duda que tengo.”
Luego le refirió a su último informante
y suplicó saber si era verdad lo que había oído.
“¿Vomitó usted, señor, un cuervo negro?”
“Yo no.” “¡Bendición! ¡Cómo propaga mentiras la gente!
Cuervos negros fueron devueltos, tres, dos y uno;
y aquí encuentro que todo resulta, al final, en cero.
¿No dijo nada en absoluto de un cuervo?”
“Cuervo… cuervo… quizás pude, ahora recuerdo
el asunto de nuevo.” “Le ruego, señor, ¿qué era?”
“Bueno, yo estaba horriblemente enfermo
y, al final, efectivamente vomité, y así lo relaté a mi vecino,
algo que era—tan negro, señor, como un cuervo.”